Sobre mí

Hola, me llamo Laura, aunque me suelen llamar Lau, Lauri y hasta Laurita, mucho más a menudo que Laura.

Soy coach especialista en hambre emocional y acompaño a mujeres que quieren lograr una relación sana con la comida y consigo mismas.

¿TE CUENTO ALGO SOBRE MÍ?

Soy una Vallisoletana nacida en 1977. Soy la pequeña de tres hermanos. Crecí entre escritores y periodistas, con lo que no es difícil deducir que leer, escribir y hablar son tres de mis cosas favoritas en la vida. Desde pequeña me dedicaba a “entrevistar” a todos los que me rodeaban, hacia muchas preguntas y disfrutaba escuchando las respuestas. Aprendí a respetar todos los puntos de vista sin juzgarlos y a enriquecerme con ellos. No imaginaba entonces que ya era una Coach en potencia.

Durante una época de mi vida pasé por momentos en los que la tristeza, la pena y la ansiedad estaban presentes en mí con mucha frecuencia. Me sucedía que, a veces, se me disparaba la tensión, me mostraba irritable y necesitaba la comida para calmar esas emociones que me hacían sentirme mal.

Si estos momentos aparecían estando yo triste, surgía una gran necesidad de comer dulce. Pero si aparecían estando yo animada, los vivía como algo bueno, porque disfrutaba de la comida que me gustaba.

En ambos casos el impulso por comer era tan fuerte que sentía que no podía controlarlos ni quitar de mi cabeza mi necesidad de comer.

Estuve así durante varios meses, sufriendo estos episodios de ansiedad por la comida, pero pensé que eran cosa del estrés. Creí que era algo frecuente y casi todas las mujeres con quienes lo hablaba me describían momentos parecidos. Casi lo acepto como algo normal.

sobre mi largo texto

Pero no lo acepté sin más, investigué, busqué ayuda y todo cobro algo de sentido cuando me diagnosticaron trastorno disfórico premenstrual (TDPM) que es como el síndrome premenstrual pero multiplicado por diez. De todo lo que leí, lo que más llamó mi atención fue el concepto de hambre emocional. Inocente de mí, yo creía que sólo se comía por hambre, pero resulta que no, que se puede comer por otros motivos. Comencé a hacer algo que supuso una gran diferencia en mi vida: empecé a observarme sin juzgar y sin intervenir. Aprendí de mi conducta, presté atención a los momentos en los que comía, descubrí que solo me apetecían ciertos alimentos (casi siempre todos tenían chocolate), observé que aun cuando comía no me sentía saciada.

Me detuve a sentir qué emociones tenía antes de que surgiera esta necesidad tan descontrolada por comer. Casi siempre sentía tristeza, ansiedad o una sensación de aceleramiento que no sabía cómo parar. Empecé a anotarlo todo en un cuaderno o en las notas del móvil en el mismo momento en que estas emociones me invadían. Describía en qué parte del cuerpo las sentía, qué intensidad tenían del uno al diez, que me apetecía comer en cada momento, que pensamientos tenía respecto a la situación y a mí misma en ese momento.

Todo esto me hizo aprender mucho de mí, de lo que me motivaba a comer, de lo que buscaba conseguir cuando comía, de lo que significaba la comida y el momento de comer para mí. Averigüé para qué comía y aprendí a cubrir esas necesidades de otra manera.

Esto no quiere decir que haya dejado de comer lo que necesito y también lo que me apetece en momentos concretos, pero soy yo quien decido si lo hago o no de una forma consciente. Me he liberado del poder que daba a mis emociones, conociéndolas y conociéndome y no podría estar más contenta con el resultado.

De hecho, cuando ahora siento esa sensación de aceleramiento que me cuesta tanto afrontar, soy capaz de pararme y darme cuenta de que eso es lo que me está generando la necesidad de comer de forma inmediata y alimentos concretos. Puedo detenerme a valorar otras opciones y tener la libertad de elegir lo que como y, todo ello, gracias al conocimiento que he obtenido de permitirme sentir mis emociones y profundizar en ellas para entenderlas. Ahora elijo yo conscientemente lo que como en cada momento, no siento que nada me “arrastre” o me “domine” y con esa consciencia escojo lo que quiero comer y, sea lo que sea, ya no siento culpa porque el poder está en mi, yo decido.

El resultado de aprender a gestionar mis emociones fue tan positivo para mí que quise formarme como coach para ayudar a otras mujeres a conseguir lo que yo he conseguido. El coaching permite a la persona conocerse y encontrar sus recursos de una forma rápida y eficaz. Yo decidí enfocarme en la solución y no en el problema, era hora de que las cosas cambiaran y el coaching me ayudo a conseguirlo.

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